Carnaval de Tenerife
El Carnaval de Santa Cruz Tenerife ha sabido sobrevivir en la historia a pesar de las innumerables prohibiciones a las que ha sido sometido. El pueblo chicharrero no permitió que le arrebataran su fiesta, luchando y celebrándola clandestinamente. El Carnaval ha evolucionado a lo largo de sus más de doscientos años de historia, evolución marcada por los cambios que ha sufrido la sociedad santacrucera. En sus inicios, los bailes y fiestas se organizaban de forma privada por las familias pudientes de la isla y en las distintas sociedades de tipo recreativo y social: el Real Club Náutico, el Parque Recreativo o el Círculo de la Amistad XII de Enero. A la plebe se le prohibieron los bailes y bromas de las máscaras en la vía pública. La gente, sin embargo, siguió divirtiéndose y saliendo a la calle para celebrar una fiesta fruto de una total improvisación.
Con el comienzo de la Guerra Civil Española, se veta el Carnaval, llegando incluso a castigarse con la cárcel; y tras su finalización, comienza a celebrarse clandestinamente, en las casas de los chicharreros. Los Carnavales, la fiesta del pueblo, seguirán celebrándose camuflados gracias, en gran medida, a la buena disposición del por entonces Obispo de la Diócesis Domingo Pérez Cáceres. Sin la aprobación de la máxima autoridad eclesiástica no hubiese sido posible la autorización de las que pasaron a denominarse “Fiestas de Invierno”. Este nombre se mantuvo hasta la llegada democracia, en 1976. El pueblo disfrazó al propio Carnaval para que pudiera seguir vivo.
En la actualidad los distintos grupos del Carnaval pasean con orgullo el nombre de nuestra ciudad por diversos lugares del mundo.
Durante todo el año la ciudad prepara su carnaval, desde el banquero hasta la oficinista, el médico, el ama de casa, la abogada o el cartero ensayan incansablemente para estar preparados para el “día apoteosis”: la Elección de la Reina. Estos son, sin duda, los verdaderos protagonistas del carnaval, los que con total dedicación se preparan para que todo esté a punto, los verdaderos artistas. Los bailes, los cosos, exhibiciones, concursos, etc...han sido la máxima expresión de nuestras fiestas pero, indudablemente, lo que caracteriza y distingue el Carnaval de Tenerife son las máscaras y los disfraces, el Carnaval de la calle.
ACTOS RELEVANTES:
La Gala de Elección de la Reina
La Gala de Elección de la Reina de las Fiestas es un plato fuerte del Carnaval de Tenerife. Durante la gala, desfilan las candidatas por un escenario decorado con el tema elegido par el carnaval en curso, con espectaculares y lucidos diseños que suelen incluir materiales como plumas y pedrería, trajes que pesan una media de 150-200 kilos por lo que las candidatas se ayudan de ruedas para transportarlos. A su vez, murgas, comparsas y personajes emblemáticos de esta fiesta actúan entre la presentación de cada uno de los diseños y un jurado se encarga de elegir finalmente las damas de honor y la Reina del Carnaval, que será luego coronada por el alcalde de la ciudad y desfilará junto con los grupos carnavaleros en eventos como la
Cabalgata Anunciadora y el Coso.
La importancia de este evento es de tal calibre, que centenares de periodistas de diversos medios de comunicación, acuden a cubrir el acto al resto de España y del mundo, vía satélite por canales nacionales e internacionales.
Cabalgata
La Cabalgata anunciadora de la fiesta es una gigantesca serpiente multicolor, compuesta por decenas de miles de máscaras y por decenas de agrupaciones musicales, que recorre durante horas las principales calles para mostrar al público apostado en las aceras la explosión de ingenio que se convierte en júbilo. La Cabalgata abre las puertas del Carnaval.
El Coso
El Coso es el colofón del Carnaval tinerfeño. Una suerte de segunda Cabalgata que pone los pelos de punta a cualquier espectador, es una verdadera avalancha de color, ritmo y de alegría. Se lleva a cabo el martes de Carnaval, cuando las agrupaciones de esta fiesta, murgas, comparsas, rondallas, personajes del Carnaval, junto con carrozas con las Reinas y damas de honor, adulta, infantil y tercera edad, toman la avenida marítima de Santa Cruz de Tenerife, a partir del mediodía para emprender el pintoresco desfile.
Entierro de la Sardina
Cuando el Carnaval casi termina (porque habrá otro fin de semana de piñata para despedir definitivamente la fiesta, hasta otro año) el tinerfeño lo despide llorando de pena. El Entierro de la Sardina es, probablemente, el espectáculo más irreverente y desenfadado de todo el Carnaval. El Entierro de la Sardina anuncia el fin de la fiesta libertina, del ligue clandestino, y la llegada de la cuaresma, tiempo de reflexión religiosa y espiritual. En el Entierro, millares de viudas rigurosamente vestidas de negro, millares de viudos desconsolados por la muerte anual del Carnaval, curas, monjas, obispos, cardenales y hasta “papas”, se arrastran por los suelos bañados en lágrimas por la despedida de un concepto de libertad que ha reinado en la ciudad tolerante, que es Santa Cruz, durante su tiempo de Carnaval. Cuando la Sardina arde en llamas, se desata un clamor de dolor por su pérdida. Por la pérdida de una Sardina que simboliza el espíritu del Carnaval.